Urbanidad

Dice San Juan Bautista de la Salle sobre la virtud de la Urbanidad: "Es cosa llamativa que la mayoría de los cristianos sólo consideran la urbanidad y la cortesía como una cualidad puramente humana y mundana, y no piensan en elevar su espíritu más arriba. No la consideran como virtud que guarda relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Eso manifiesta claramente el poco sentido cristiano que hay en el mundo, y cuán pocas personas son las que viven en Él y se guían según el Espíritu de Jesucristo."

De Cristo se ha dicho que es "el primer caballero del mundo". Siendo el Hijo de Dios fue enviado a ser ejemplo; miremos entonces sus buenas costumbres, finura y elegancia, su trato sin igual con el pobre y el rico. Este es el verdadero modelo a seguir para los Cristianos, una muestra clara de la importancia de la virtud de la Urbanidad.

Dice en los fundamentos de CiudadOración: "La elegancia es el lenguaje de los hijos de Dios. La cortesía es la finura de las cortes, la elegancia de la finura del espíritu. Nosotros tenemos que cultivar ambas virtudes: la elegancia y

Esta virtud suele entenderse sólo como los actos exteriores que realizamos y nuestro comportamiento ante los demás, pero esto es sólo una fracción de lo que se denomina la Cristiana Urbanidad, que debe extenderse a nuestros pensamientos, palabras y obras, teniendo en cuenta que debemos actuar con dignidad de hijos de Dios y que todos quienes están a nuestro lado poseen esa misma dignidad.

La Urbanidad regula nuestro propio comportamiento según lo exige la virtud de la Justicia, la caridad y el sentido común. Para vivir esta virtud son necesarias la humildad y la abnegación, ya que son las que nos llevan al conocimiento propio, a no lucirnos ante los demás y a morir a nuestros propios gustos y conveniencias por amor al prójimo. No existe mejor muestra de urbanidad que los hombres se comporten como caballeros y las mujeres como damas.

Quienes han llegado a la santidad no dejaron nunca de practicar y recomendar las principales reglas de la cortesía. Tenemos en la Iglesia un Santo -Francisco de Sales- que fue calificado como El Santo caballero. Su distinción, su finura, su educación, su elegancia eran muy conocidas. Y alguna vez, sin darse cuenta, creyendo estar solos lo observaban desde la cerradura de su puerta, querían saber el Santo como se comportaba estando solo. Y el resultado de la prueba fue que, sin importar si estaba acompañado, era siempre igual en sus modales, pues no importaba ante quien se encontrara sabía que estaba siempre en presencia de Dios.

Ahora bien, si nosotros deseamos actuar como verdaderos hijos de Dios tenemos que empezar a vivir como lo hizo Cristo, debemos ser mejores hombres y mujeres, como decíamos al principio en pensamiento, palabras y obras, pues en nuestro interior llevamos más que nuestra propia humanidad, llevamos al mismo Dios y ¿Quien le seguirá si nosotros no nos comportamos a la altura de los verdaderos Cristianos?