Sobriedad

Es la virtud que nos permite encontrar la moderación racional y a descubrir que es lo inmoderado. Es también la que nos lleva a la correcta utilización de nuestros sentidos, nuestro dinero, tiempo y esfuerzos. Quien no vive esta virtud se deja llevar por sus deseos, pues todo lo quiere ver, tocar, oler, sentir. Es una persona que dedica demasiado tiempo y esfuerzo para satisfacerse a si mismo complaciendo su vanidad.

Para comenzar a vivir la sobriedad hay que trabajar también virtudes como: la templanza, la pobreza, la humildad, la elegancia, la modestia, la moderación, la prudencia, la sensatez, el buen juicio y la cautela. También es fundamental el luchar por fortalecer nuestra voluntad.

La virtud de la sobriedad nos lleva también a vivir las buenas maneras, que ayudan a la grata convivencia, la moderación de los impulsos y a eliminar la curiosidad.

Al hablar debemos también aplicar la moderación para no incomodar al prójimo, dice sobre esto San Josemaría Escrivá: "Es necesario que viváis la sobriedad en todos los sentidos. En el hablar (...). Que sepáis tener medida en la conversación. Habéis de hablar todo lo que haga falta, y con gracia: toda la que os dé Dios; pero mortificaos también, porque el que habla siempre termina por ser una persona molesta para los demás".

Hay, en el mundo de hoy, varios enemigos para esta virtud, el primero es la sociedad de consumo que nos lleva siempre a desear de más y a gastar de más.

Otro enemigo es la búsqueda del placer, pues es en los excesos se trata de contrarrestar el vacío espiritual que todos los hombres tenemos, cuando hace falta Dios en nuestras vidas.

Por último, encontramos el vicio del egoísmo, pues quien siempre esta pensando en si mismo, en sus deseos, placeres y caprichos, se deja llevar fácilmente por sus sentidos y pasiones, cayendo en la falta de sobriedad.