Sabes Hijo mío - Tú, sí, Tú que me lees - ¿Por qué te amo tanto?

Porque tú eres - y todos los hombres y mujeres - carne de mi carne, sangre de mi sangre. Por tus venas parece que corre la sangre de Cristo.

Un padre y una madre aman a su hijo y corre por las venas del hijo la mitad de la sangre de cada uno de los padres. ¡Y hay que ver lo que es el amor de una madre!.

Los abuelos aman a su nieto y corre por sus venas una cuarta parte de su sangre. Y hay que ver el amor tan grande de los abuelos por sus nietos!

¿Ahora me comprendes por qué dejarte sólo y dejar de llamarte y buscarte?

¿Ahora me comprendes por qué me meto en tu vida y siempre influyo en ella aunque tú no te des cuenta?

Te busco para que aceptes someterte a mi Santa Voluntad. Te busco para darte lo mejor y hacerte feliz. Quiero que te dejes amar por que Yo te amo. Cuando yo te miro a ti, encuentro mi propia imagen y mi propia semejanza y el ciento por ciento de mi carne y de mi sangre.

Si una buena madre pudiera tener su oficina al pie de la cuna de su pequeño hijo, lo haría, pues eso hago Yo.

Yo dirijo el cielo y la tierra estando al lado tuyo, estando metido en el fondo de tu corazón. Yo no tengo más ocupación que estar siempre contigo.

Madre: ¿Cómo hago para saber que eres tú la que me habla, y no mi gran imaginación? Tú te apareces y hablas - yo nunca te he visto ni te he oído - en cambio hay tanta gente que te ve y te escucha. Tú siempre das señales. ¿Qué señal me das para saber cuando hablas tú, cuando tu Hijo y cuando soy yo o el diablo que quiere decir cosas bonitas que parecen de Dios?

Hijo, mi señal es la oración - mi única señal -. Mi Hijo habla a todos en el fondo del corazón, yo igual y hay que creerle y hacer lo que El diga.

Mi Hijo se manifiesta a quienes no exigen pruebas, se revela a quienes no desconfían. No hace falta que me veas con tus ojos, ni me oigas con palabras sonoras. Recógete en la oración y escribe lo que Yo te diga.

Tú tienes un privilegio especial, que lo pueden tener todos y se lo quiero dar a todos a través de la unión conmigo para cumplir la Santa Voluntad Divina: Que cada que quieran saber mis indicaciones y consejos, que me llamen, cojan papel y lápiz y Yo les hablaré y también mi Hijo.

Los que me ven, lo hacen solamente cuando Yo quiero, lo mismo que a mi Hijo. En cambio, los que no me ven ni escuchan mi voz, son más privilegiados, porque me pueden invocar cada que quieran. Yo les hablo con palabras que retumban en el corazón.

Son bienaventurados las almas que sin haber visto ¡han creído! Yo lo que quiero fomentar es la oración. La oración es el medio más eficaz para hablar con Dios. La oración es el medio más eficaz, más corriente y normal del cual se vale mi Hijo para hablar. Dios habla a todos los hombres a toda hora a través de la oración. Lo que hay que hacer es apuntar para poder recordar. Dios escucha a todos a través de la oración: No le hables que ya sabe lo tuyo, cópiale.

Hijo estoy cansada de hacer apariciones multitudinarias, donde la gente no va con intención de orar y convertirse, sino con afán de asistir a un espectáculo teatral, no quiero ser espectáculo de nadie. No quiero que la gente me busque con afán de novedad. Eso nunca le ha gustado a mi Hijo. Mi Hijo huía de la gente que lo buscaba con afán de ver prodigios.

Mi Hijo actúa a través de la oración. Mi Hijo pone el cielo y la tierra a funcionar a través de la oración. Busco gente que crea en la oración y que no busque aparición, ni sensación, ni espectáculo callejero.

- ¿Cómo saber cuándo vienen las cosas de parte de Dios y no del diablo?

Pues por sus obras y por sus efectos se conoce al autor. Las cosas de Dios dan paz al alma. Las cosas de satanás producen tristeza mala, remordimiento, desolación, angustia y desesperación.

Sabrás cuando vienen de mí las palabras porque te producen en el alma una gran alegría. Yo soy causa de la alegría. Recuerda como la gente que escuchaba a mi Jesús, decía que nadie había hablado como El.

Cuando tú te pones en oración e invocas a mi Hijo o a mí y apuntas las cosas que sientes en el fondo del corazón, cuando luego las meditas y relees, te das cuenta que esas cosas no eran tuyas, que tú no eras capaz de inventarte esos mensajes y te estremecen positivamente, porque han sido dichas de parte de Dios.

Yo quiero Hijo mío que a mucha gente le enseñes a hacer oración, ya que tú llevas más de 30 años invocando, escribiendo, meditando y comprobando que son ciertas las cosas que se te dicen en la oración.

- Madre y llevo 53 años ofendiendo al Señor. ¿Con qué autoridad le voy a hablar a la gente, si soy un pecador?

Hijo, si haciendo oración eres tan débil y pecador, ¿como sería que no hicieras oración?

Habla sin pena ni vergüenza y que los que han visto tu pecado, vean tu conversión.

La autoridad no viene de ti sino del poder de la oración.¡Escríbelo hijo, no seas terco! Pon mis mensajes a circular con tu nombre, teléfono y dirección, para que te puedan llamar las personas que deseen a hacer oración.