• Reflexionar es buscar un rayo luminoso, que te aclare el camino en las tinieblas de la noche. Ese rayo luminoso es la dulce Voz de Dios.

• Reflexionar es buscar un rayo de calor que pegue fuego al alma fría. Ese rayo de calor es Jesús, que te quiere hablar en el camino.

• Reflexionar es buscar una onda sonora que resuene a tus oídos, ¿y qué mejor onda sonora que la Voz de Dios?

• Reflexionar es buscar un espacio de silencio para examinar tu alma cada día, porque es el mismo Dios quien quiere hablarte.

Capítulo 1

1. ¡Si supieras lo que Yo te Amo, hijo! Todo lo mejor que tú quisieras para ti, es muy poco, comparado con lo que Yo tengo preparado para ti.

2. Te ofrezco con misericordia Mi perdón y las delicias de Mi Amor; pero tienes que pedir perdón y cortar con el pecado.

3. Dedica tu vida a pedir perdón por todos tus pecados, y por los pecados de todos los hombres de la tierra. Pide por la verdadera conversión de todos, empezando por la tuya.

4. Reflexiona, hijo. Busca la luz de la verdad. La luz que a ti te alumbre, iluminará también a otros. Cierra tus ojos para afuera para que otros abran sus oídos.

5. No retiraré nunca Mi Amor de quien busca escucharme, por grandes que sean sus flaquezas; ni apagaré Mi Voz, por grandes que sean sus pecados.

6. Escúchame, hijo mío, y serás adoctrinado por tu Dios.

7. Hijo, si Me alejase de ti, lo haría tan sólo breve tiempo, para luego no dejarte nunca más.

8. La oración verdadera es escuchar la Voz de Dios. La oración aleja del temor y la opresión.

9. Escúchame, hijo, y entonces Me apiadaré de ti, tendré misericordia de tus pecados y te arroparé con el manto de Mi Amor.

10. ¿Qué papá bueno de la tierra no quisiera satisfacer el gusto de sus hijos? Yo, hijo, soy Padre Bueno y Poderoso, que te Ama.

11. Óyeme, escúchame y sígueme; Yo Me encargaré de darte Vida.

Capítulo 2

1. Me ocupo de regar todas las plantas de la tierra para sostenerles su existencia, ¿no Me ocuparé de sostener la existencia de los hijos que Yo Amo?

2. Yo que Me ocupo de lo grande; también sé ocuparme de todo lo pequeño tuyo. Para Mí todo lo grande es muy pequeño; pero todo lo tuyo, hijo, para Mí es muy importante.

3. ¿No te parece un gran milagro, hijo, el que no te falte el pan de cada día?

4. El trabajo de escucharme, hijo, te produce gozo y paz. Este trabajo, hijo, te traerá toda clase de beneficios y favores. Soy el único que paga por ser escuchado. Necesito desahogarme, hijo, y encuentro en la tierra muy pocos que tengan tiempo disponible para oírme.

5.No esperes, hijo, que te diga cosas nuevas. Yo siempre te diré la misma cosa de forma diferente: ¡qué te Amo!

6. No esperes de Mi parte cosas grandes, ni milagros extraordinarios, porque Yo demuestro Mi Amor en mil detalles cotidianos, que tú no alcanzas a apreciar.

7. Quiero que Me escuches despacio y con deleite, ampliando en tu corazón cada cosa que te digo.

8. Detente, hijo, a saborear las cosas que tu Dios te dice, como el niño saborea su confite, para sentir mejor su gusto y sabor. Saborear las cosas de Dios es en realidad sabiduría.

9. Se ocupan unos en buscar lo que nunca han de encontrar; ocúpate tú en oír lo que siempre y para siempre has de escuchar.

10. Hijo, aprende a pedirme a Mí con sencillez, porque a veces Me la pones muy difícil y exigente: si lo que necesitas es calmar tu sed, dímelo a Mí; pero no Me pidas que te haga un río, ni que haga brotar agua de las rocas.