Orden

"Tiene orden mental el que en su cabeza sabe para dónde va, el que tiene claros ideales en su mente, claros principios y valores. La barbarie es el estado del hombre sin ideal, sin principios ni valores; por eso va de un lado para otro sin saber a dónde va " -dicen nuestros Fundamentos de CiudadOración.

Desde el principio de la creación, leemos en el Génesis que Dios hizo todo bien, todo lo hizo en orden y por ello todo fue perfecto, como perfecto es Él. El orden es entonces una de sus principales características. Y debería ser una de las nuestras.

Todo el universo se rige por la ley del orden, las galaxias, las estrellas, la rotación y traslación de nuestro planeta alrededor del sol; Incluso todo lo que vemos en la tierra también está sometido a estas normas, vemos por ejemplo los ciclos de la naturaleza, las cadenas alimenticias y toda esa armonía que rige nuestro planeta, hasta que aparece el hombre.

Desde el principio el ser humano rompió ese orden que estaba establecido, fuimos creados por Dios para habitar en el paraíso, pero con el pecado original rompimos esa armonía e ingresó el desorden al mundo. El pecado es entonces un desorden, porque nos lleva a actuar de forma indebida.

Jesús vino a la tierra para poner las cosas en orden: en el orden inicial que le marcó con amor el Creador. La vida duele cuando no tenemos las cosas en el orden que les puso el Creador. Este es el gran dolor de la vida: el desorden, la confusión que produce el que las cosas no estén en su lugar, como dice en nuestros Fundamentos.

Esta virtud nos permite mejorar la calidad y la efectividad de nuestra vida pues nadie nace siendo ordenado. Vamos adquiriendo esta virtud ejercitándonos cada día por poseer un orden racional para lograr los objetivos que nos hemos propuesto, para buscar y hacer el bien.

Nos lleva a poner en orden de las cosas en nuestro entorno, a realizar una correcta distribución del tiempo en todas las actividades que tengamos y nos ayuda a ordenar nuestros sentimientos hacia Dios y los demás.

Cuando empezamos a vivir la virtud del orden en nuestro interior, es decir, cuando empezamos a organizar nuestra vida, soltamos nuestros apegos, ponemos a Dios en el lugar que le corresponde, cuando luego de una buena confesión recobramos la gracia de Dios y vivimos los Mandamientos, todo esto se traduce en un orden que es visible exteriormente, el cual nos lleva a armonizar las relaciones con los demás y a tener una mejor convivencia.

Citando los Fundamentos de CiudadOración: "Cuando las cosas no están en su lugar por falta de orden, para nada sirven, se tornan escombros y basura. El orden hace útil lo inútil. El orden pone armonía en el caos, luz en las tinieblas, felicidad en la tristeza".

El orden también se debe vivir en los pensamientos, no podemos perder tiempo pensando en cosas indebidas, ni pasar demasiado tiempo haciendo planes y planes que pueden incluso llegar a ser inalcanzables, esto nos hace perder valioso tiempo y no nos permite concentrarnos en lo que es realmente importante.

Hay que tener en cuenta que ser ordenados no quiere decir ser rígidos, no significa perder la alegría por llevar un control excesivo de la vida o que incluso perdamos nuestra tranquilidad y naturalidad, por el contrario esta virtud nos lleva a ser como somos y a vivir lo que creemos.

Dios no construye sobre el desorden. Por eso cuando nos acercamos a Dios, lo primero que ocurre en nuestras vidas es un gran cambio, un terremoto, un desajuste; no debemos asustarnos: es Dios que tumba el rancho de paja para construir con orden un edificio verdadero que se eleve al Cielo, como dice en nuestros Fundamentos.