1. Dios escucha al que está desposeído. Si te quita todo es para poderte escuchar.

2. Dios siempre escucha a quien cumple Su Santa Voluntad.

3. Si quieres conocer a Dios, necesitas tiempo y dedicación para estudiar, meditar, reflexionar y orar. Esto requiere un ambiente tranquilo, sereno, sosegado, lleno de paz, de la paz que Dios le imprimió a la naturaleza y al primer hombre antes de la primera tentación.

4. Si tienes muchos quehaceres, muchas idas y venidas, llamadas, atender muchos problemas y emprender muchas empresas, todo esto te llevará a la falta de reflexión y a la dispersión. En un ambiente así no florece la sabiduría y nunca serás sabio ni hombre de oración.

5. Dios habla cuando encuentra el alma quieta.

6. La voz de Dios, se escucha en el silencio, ajeno a toda perturbación interior del corazón, a toda preocupación o malestar de la mente.

7. ¿Te gustaría hablar con una persona enojada, cierto que no? Pues a Dios tampoco.

8. ¿Invitarías a una fiesta a una persona que llora, cierto que no? Dios no invita a una persona desconsolada a la fiesta interior de la oración, porque le falta fe.

9. A la oración no vas a hablar sino a escucharle.

10. ¿Le abrirías tu corazón a una persona que te causa molestias y enojos, cierto que no? Pues Dios tampoco, Dios abre Su Corazón a los amigos, a Sus hijos que le comprenden, ponen atención y disfrutan Sus Palabras.

11. En la oración Dios va a que le escuchen y a desahogar Su Corazón en el corazón de quien escucha.

12. A Dios le gusta escuchar a quien le escucha.

13. A la oración no vas a pedir, porque Dios sabe ya todo lo tuyo, ni siquiera a recordarle, porque tiene todo lo tuyo bien presente. A la oración vas a enamorarte.

14. A la oración vas a atenderle, a poner atención a sus preocupaciones, que aunque tú no puedes resolverlas, Dios se contenta con ser escuchado y atendido.

15. A Dios le complace tanto ser oído con atención y con cariño, que a la gente que le escucha, le resuelve todos sus problemas, le complace en todos los gustos y le lleva todos los caprichos.

16. Dios en la oración se comporta como un buen anfitrión; está pendiente de tu copa para llenarla de vino cada vez que esté vacía, sin esperar que se lo digas, para que tú no interrumpas de escucharle.

17. A Dios le gusta que para hablar con Él, pongas tu habitación en orden y te vistas con lo mejor que tengas, porque así se recibe a alguien importante de la tierra y Dios merece mucho más.

18. Dios no desprecia la oración de los que trabajan con el ruido del martillo de sus manos. Ellos le hablan y le dan gloria con su buen trabajo; pero es difícil que le escuchen, porque la voz de Dios es opacada con los golpes de su oficio.

19. Cuando alguien está concentrado en sus quehaceres, le es muy difícil poner su mente en blanco, para que Dios pueda escribir en ella.

20. Cuando alguien tiene su corazón lleno de preocupaciones santas y buenas de la tierra, le es muy difícil abrir espacio en su corazón para Dios hablar en el. A Dios no le gusta hablar incómodamente.