Misericordia

Proviene de la virtud de la Caridad, pues es en el amor al prójimo donde se encuentra fundamentada. San Agustín la define como “compasión por la miseria ajena, que nos mueve a remediarla, si es posible”

También nos explica San Josemaria Escrivá que la misericordia no se queda sólo en una escueta actitud de compasión, sino que se identifica con la superabundancia de la caridad que al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado y generoso.

La misericordia debe ser tan grande cómo lo es la miseria humana. Pero entendiendo la miseria no necesariamente como aquella pobreza física, sino también esa débilidad humana, esa tendencia al mal, esos apegos a los bienes temporales, que son parte de todos los hombres sin importar su condición. El primer acto de misericordia debe ser por tanto con nosotros mismos, al aceptarnos con humildad pero poniendo todos nuestros medios para luchar en contra de nuestra miseria.

Nuestra actitud compasiva y misericordiosa nos debe llevar también a vivir esta virtud con quienes tenemos a nuestro al rededor. Perdonar a nuestros familiares y amigos que nos ofenden, ser pacientes con nuestros compañeros, preocuparnos por la salud, el descanso, el alimento de las personas que sabemos lo necesitan.

Pero no sólo nos enfoquemos en las necesidades físicas de los demás, recordemos que también existen las obras de misericodia espírituales, aprendamos entonces a corregir al que yerra, enseñar al que no sabe, aconsejar al que duda, consolar al aflijido, perdonar al que ofende, socorrer al que necesita ayuda y orar por quienes lo necesitan estén vivos o muertos.

Cuantas veces estamos los hombres tan ensimismados con nuestros propios problemas, por nuestras dificultades que estamos ciegos a los demás; recordemos que debemos como Cristianos Católicos luchar por ser como Jesucristo.

Juan Pablo II hablando sobre la misericordia nos dice “Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación, basta recordar la parábola del hijo pródigo o la del buen samaritano, también como contraste la parábola del ciervo inicuo. Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen en manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta con tener ante los ojos al buen pastor que busca la oveja extraviada o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida.”