CAPÍTULO 1: GENEALOGÍA DE JESÚS (MT 1,1-17).

¿Quieres saber, hijo, acerca de mis antepasados, de los cuales hace mención el Evangelista Mateo? (cfr. Mt 1,1-17).

En Mi estirpe humana hay mucho pecado, desobediencia, idolatría y sangre. Hay concubinas en Mi ancestro humano. Pero también hay gente santa, como Rut, David y en especial María, Mi Madre y su santo esposo, José.

¡Yo cargué con el pecado de los hombres, y no habiendo en Mí ninguna mancha de pecado, soporté el castigo del pecado de los hombres!.

Mi sangre judía no es raza pura, en Mi sangre hay mezcla de otros pueblos alejados de Dios y de razas impuras. ¡Impuro es el que rechaza la Palabra de Mi Padre Dios!.

Por eso he dicho Yo, hijo, que Mi familia verdadera no es la ligada a Mí por los lazos de la sangre sino del Espíritu.

Mi familia, Mi verdadera familia, la componen aquellos que cumplen la Santa Voluntad de Mi Padre Celestial. Esa es la verdadera raza: ¡la raza de los hijos de Dios por el Espíritu! (cfr. Mt 12, 47-50).

Me gusta, hijo, que quieras saber de Mis antepasados y conocer de Mí, hasta los detalles más escondidos de Mi remoto ancestro, para sacar luces para tu vida interior, para unirte más a Mí y amarme más.

Te quiero contar, hijo, acerca de la vida de algunos de Mis padres de la tierra, nada santos. La santidad no se transmite por los lazos de la sangre, sino que la transmite Mi Padre Dios por medio de su gracia y la adquiere el hombre correspondiendo a la llamada. Llamada que Mi Padre Dios hace a todos los hombres de la tierra. Pero muchos son los llamados y pocos los escogidos –pocos se dejan escoger-.

Yo vine del Cielo a traer gracia a la tierra para todos los hombres, para todos los hombres de buena voluntad y a los que Me reciban les doy la potestad de llegar a ser hijos de Dios (cfr Jn 1,12).

JESÚS HIJO DE TAMAR

Tamar, la que se vistió de ramera para seducir a Judá, el suegro suyo. "Judá engendró a Farés y a Zara de Tamar" (Mt 1,3).

Hablemos de la astuta de Tamar. Tamar no era la esposa de Judá si no su nuera.

Tamar para seducir a Judá se vistió de prostituta, se puso a la vera del camino y sedujo a Judá, su suegro, después de haber corrido mala suerte con los dos hijos de Judá, a quien Mi Padre Dios mató. (cfr Gn 38,14).

En Mis antepasados, hijo, hubo engaño y seducción, crimen, idolatría y muerte. Si esto es en los antepasados Míos, ¿cómo será en los antepasados tuyos?

Tamar había corrido mala suerte con los dos hijos de Judá que habían sido sus maridos. (cfr Gn 38,7-10).

El primer esposo de Tamar se llamó Er, este fue malo a los ojos de Mi Padre Dios y Él lo mató. Tamar pasó a ser esposa del hermano de Er, llamado Onán.

Onán odiaba a Er, y no quería darle hijos a Tamar en nombre de su hermano. Cuando entraba en ella se derramaba en tierra.

Es malo a los ojos de Mi Padre Dios entrar en la mujer y derramarse en tierra. Mi Padre Dios mató a Onán por ese hecho (cfr. Gn 38,9-10).

Hijo, lo que fue malo a los ojos de Mi Padre Dios ayer, lo seguirá siendo hoy y siempre, porque la Ley de Mi Padre Dios es inmutable y eterna. Por eso Yo advertí que: "No vine a cambiar la Ley o los profetas sino a darle cumplimiento" (Mt 5,17).

Yo no viene a cambiar nada de la Ley de Mi Padre Dios: Dios no cambia ni se muda. Yo cambié las malas interpretaciones que los hombres le daban a la Ley.

Tamar iba a ser apedreada como prostituta; pero fue librada. Yo también libré a la mujer adúltera que iba a ser apedreada.

Pues, bien, hijo, Yo soy hijo del León de Judá, que entró en la que creyó una prostituta: Tamar. Yo soy Hijo de Tamar, según la carne.

Mi Padre Dios no le quitó a Judá su predestinación eterna para que fuese padre carnal Mío, aunque Judá se hubiese valido de una ramera para ello. Así es Mi Padre Celestial, por el pecado no quita su escogencia eterna, si encuentra un corazón contrito y dispuesto a obedecer.

Mi Padre Dios anunció a Judá que de Él vendría el Mesías con el hijo de Tamar:

A ti, Judá, te alabarán tus hermanos.
Se postrarán ante ti los hijos de tu Padre.
Cachorro de león, eres tú, Judá.
Posando, te agachas como león, como leona.
No faltará de Judá el cetro,
Ni entre sus pies el báculo,
hasta que venga "Aquel cuyo Es."
Y a Él darán obediencia todos
los pueblos de la tierra." (Gn 49, 8-12).