INTRODUCCIÓN

Me metí tanto en la historia de David que hasta viví con él muchas actuaciones de su acción guerrera.
Sentí que Dios como que me hizo vivir la vida de David y acompañarlo en el sufrimiento y el combate. Te cuento lo que vi. Me encontré vuelto un pequeño niño a quien David acogió como a su mismo hijo.
Sentí como la voz de un ángel que me acompañó en la Aventura de David y me explicó muchas actuaciones desconcertantes, para mí, del rey David.
El ángel, Jari, tenía forma de siervo de la casa de David.
La vida es guerra, dice Job 7,1: "La vida del hombre aquí en la tierra es milicia" Si la vida es guerra, el rey David es maestro de la vida. Nadie como él supo combatir la sangrienta batalla de la existencia por obedecerle a Dios, confiado en su omnipotente ayuda.
Esta narración no es apta para cardíacos mentales; es sólo para guerreros de cabeza fría y corazón de fuego.
Aventuras del rey David no es para cobardes pacifistas, que creen alcanzar la paz sin lucha.
La paz es producto de la guerra interna: la guerra que se libra en el propio corazón que se hace violencia. "El reino de los cielos es de los que se hacen dentro de sí violencia", mil años después de David dijo Jesús.
Aventuras del rey David, es un relato para aquellos que se hacen como niños; "El reino de los cielos es para los que se hacen como niños", dijo Jesús. Pero no es una narración para niños infantiles ni para adultos de cara grave y aburrida.
Volver a vivir una vida apasionante, Aventuras del rey David, llena de sentido y de ganas de vivir. Recordar, que la vida no es color de rosa, sino guerra, nos anima a combatir.
No hay nada esencial, que se aparte de lo que narra la Escritura. Aunque es un cuento contado por un niño, no lo olvides.
Intervienen dos nuevos personajes en el relato Escriturístico, el niño que narra los sucesos, como él los vivió al lado del Rey David. Los niños no se limitan a escuchar sino a vivir lo que han oído, y luego narran los sucesos apropiándose de ellos.
El otro personaje nuevo, que interviene en la novela histórica, es Jari, siervo de la casa de David, que resulta ser un ángel, que aclara y explica los sucesos de la vida del rey de la tierra; y corrige la insensatez del niño.
Estos personajes hacen más vivo el relato, y ayudan a resaltar la esencia del mensaje, de la Palabra de Dios.
Hay pues, digámoslo así, algo de novela, mucho de oración, y grandes consecuencias prácticas de la vida de David, que pueden servir para tu vida de guerrero; para tu vida de apóstol de Jesús.
Aventuras del rey David, es un anticipo de mil años al mensaje de Jesús:
"No vine a traer paz a la tierra sino espada" (Lc 12, 51)
La vida de David fue siempre espada para los enemigos de Dios. Y cuando él pecó, la espada se le vino en contra suya.
Jesús, dijo: "Se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre (Lc 12, 53). David sufrió la traición y la codicia de varios de sus hijos, como castigo a su pecado.
No es un escrito para peritos de la Escritura; eso lo dejamos a los doctores de las Santas Escrituras, los cuales merecen respeto y admiración. Pero creo que ellos se defraudarían con este relato poco técnico.
Aquí vamos a la esencia del mensaje, para aplicarlo a nuestras vidas, sin quedarnos en los detalles accidentales que pueden enredarnos.
  
QUIÉN ES EL REY DAVID

David es el guerrero, decidido a dar la vida, por el reino de Dios, cuando se trata de pelear.
En la guerra, que es la vida, David es la serpiente sagaz, prudente y precavida que sabe defenderse y atacar cuando hace falta.
Y David es paloma sencilla, cuando se trata de festejar los logros. Nunca consideró suyos los triunfos, sino sólo de Dios.
David es el rey, lleno de sabiduría y de temor de Dios, que siempre escuchó la voz de Dios, en todos los sucesos de su vida y a la hora de gobernar.
David es el hombre humilde, que acepta los tremendos castigos y reclamos del Señor; sin perder la confianza en Dios.
David sabe ganar sin perder por ello la cabeza; y David saborea la derrota sin perder por ello la esperanza
Cuando el pueblo lo aclamaba, después del triunfo sobre el miope de Goliat, me contó Jari, el ángel de la casa de David, que David decía: ¡no sé porque me aclaman a mí, cuando deberían aclamar a Dios!
Mi santo rey, David, es hijo, como yo de Eva, y esto lo hace ser muy humano y pecador.
Esto me anima, me sirve para darme cuenta que los santos no han sido seres sin flaquezas ni defectos. Me es útil para no darme por vencido ante la derrota del pecado, y para acudir confiado ante el perdón de Dios.
David mordió, como la madre Eva, la manzana del pecado. La pasión lo enceguece, hasta llegar al adulterio y crimen. Luego reconoce su pecado; no lo oculta. Y el dolor de amor lo hace llorar y aceptar con confianza en Dios, el merecido castigo.
De David aprendí a confiar en Dios. En las horas difíciles decía:
 "Animo, sé fuerte, confía en El Señor" (Sal 27,14).
David es el hombre santo, escogido por Dios para reinar en Israel, y de su tronco quiso nacer Jesús, el Mesías prometido.
Su vida de entrega y obediencia rendida a la Santa Voluntad de Dios, es ejemplo para todos los hombres de la tierra.
Jesús, mil años después, recibirá como alabanza, cuando con el batir de palmas le gritaban:
"¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt 21,9).

CAPÍTULO 1: COMIENZO DE LA CASA DE DAVID

Mientras el rey Saúl vivía lujosamente en su palacio, David, oculto y silencioso, a pleno sol cuidaba las ovejas. Desde muy niño David fue mandado por su padre a esta labor de pastoreo. Allí permaneció David, sin protestar, hasta cerca de los veinte años, cuando Dios lo sacó de los potreros para hacerlo rey.
En aquella pobre región de Belén, no había escuelas para niños, y los niños no sabíamos leer.
Los niños aprendíamos las lecciones de la vida, de boca de nuestros padres, que nos relataban de memoria la historia de los famosos personajes del pueblo de Israel, y aprendíamos de los muchachos más grandes, el modelo de virtudes.
David fue mi modelo y el maestro de mi niñez y juventud.
Mi abuelo, decía con la Escritura, para apoyar mi amistad con David:
"Un amigo es un tesoro y donde está tu tesoro, está tu corazón"
Isaí, padre de David, tenía varios hijos militares, soldados del ejército del rey Saúl. Estos miraban a los niños campesinos por encima del hombro
Además tenía Isaí, un hijo pastor que cuidaba las ovejas, que era David.
También tenía David dos hermanas mayores, ya casadas, estas tenían hijos mucho mayores que yo; eran muchachos muy violentos y agresivos: ¡yo les tenía mucho miedo! Estos terminaron mal, ya lo verás.
David, no era arrogante como sus hermanos, ni violento como sus sobrinos. David amaba a los niños.
Mientras los hermanos de David, trataban de librar grandes batallas contra los enemigos filisteos, David, sin que nadie lo viera, sólo Dios, arrancaba sus ovejas de las garras de un león o un oso.
No creas que es tarea fácil el cuidar de las ovejas; es tarea de pastores muy valientes, me explicaba Jari, que tenía aspecto de siervo de la casa de David; pero en realidad era un ángel.
Agregaba Jari, refiriéndose a David: El pastor tiene que estar dispuesto a dar la vida por las ovejas. Parece que David no viese en las ovejas animales, sino hombres, a los cuales deberá más tarde de cuidar, por encargo de Yahvé.
Jesús, mil años más tarde tomó varios ejemplos del trabajo de David: "Yo soy el buen pastor que conoce las ovejas y ellas me conocen a mí" (Jn 10,14).
David, nos contó, a Jari y a mí, que: "cuando venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño: yo le perseguía, le golpeaba y le arrancaba de la boca la oveja; y si se volvía contra mí, le agarraba de la quijada, le hería y le mataba" I Sam 17,35.
Yo he creído todo lo que David me ha narrado, y ahora te lo cuento a ti. Nunca se me ocurrió pensar que David exageraba.
David inspiraba en primer lugar, mucha confianza, porque David estaba lleno de confianza en Dios.
Yo sabía que con David, podría ir seguro en todas sus peligrosas aventuras, auténticas locuras, en las cuales me metí, por ir tras él.
David todo lo veía bajo la lupa de Yahvé, con gran visión sobrenatural.
Los niños amamos el peligro y la aventura. David nunca tuvo miedo a nada. Su sagacidad y su osadía, lo llevaron a desafiar la muerte muchas veces. Jari, me decía: la vida sólo tiene valor si es para Dios: ¡no le temas a la muerte, chico!
Con David experimenté, en muchas ocasiones, el vértigo de muerte, con el cual nos divertimos los guerreros y los niños, viviendo la vida de valerosos combatientes.
David tenía las virtudes de los guerreros: Sabiduría para consultar y saberse asesorar, y prudencia para tener en cuenta, antes de actuar, todos los efectos de su acción.

CAPÍTULO 2: DESCONTENTO CON EL REY SAÚL

Nosotros en el campo, nos enterábamos muy poco de lo que ocurría en la ciudad. Nos enterábamos de los sucesos, cuando llegaban los hermanos de David.
También nos informaban, acerca de los hechos, los peregrinos que pasaban, a los cuales les dábamos posada porque no había hoteles. En esa época se vivía muy bien esa obra de misericordia corporal de: "dar posada al peregrino"
Lo cierto del caso es que había mucho descontento con el rey Saúl, por parte de Yahvé. Esas eran las noticias que llegaban.
David nunca hablaba mal de nadie y cuando yo le preguntaba por el rey se limitaba a rezar y callar. Consideraba que no debería juzgar a nadie; mucho menos al ungido del Señor, me comentó Jari, que conocía muy bien a David.
El rey Saúl, no obedecía a las indicaciones concretas que Yahvé le hacía, por medio de un hombre de carne y hueso, en este caso por medio de Samuel.
Mira chico, me enseñó Jari: Dios se vale de los hombres, para conducir a los hombres. Dios habla en el corazón de aquellos que lo quieran escuchar
En verdad "El cielo envía sus mensajes a la tierra y su palabra corre veloz", dice el Salmo 147,15; pero cuando Dios da órdenes concretas, le gusta valerse de otro hombre, de carne y hueso como tú, para probar la obediencia y humildad.
Samuel se enojó con Saúl, y le dijo, delante de sus soldados:
"Has obrado neciamente y has desobedecido al mandato de Yahvé, tu Dios. Estaba Yahvé para confirmar tu reino sobre Israel por siempre; pero ahora ya tu reino no persistirá."
Y Samuel, agregó esto, que tiene que ver con David:
"Ha buscado Yahvé un hombre según su corazón, para que sea jefe de su pueblo, porque tú no has cumplido lo que Yahvé te ha mandado" I Sam 13-14.
¿Te das cuenta, chico? Dios cuenta contigo para cosas grandes; pero la condición de Dios es la obediencia -dijo Jari-
Cuando supimos en la vereda que Yahvé estaba buscando un hombre según su corazón, para que sea jefe de su pueblo, de inmediato pensé, que Yahvé no hallaría otro mejor que mi amigo David. Pero esto no lo dije a nadie, ni mucho menos a David. Jari sí me había leído el pensamiento, porque era un ángel, pero no me dijo nada.
Mientras el rey Saúl entonaba cánticos de triunfo, para honrar su propio nombre, y gozaba del poder de la realeza, y buscaba simpatías del pueblo y los soldados; el pastor David, a la sombra de un árbol, vigilante, disponía su corazón para escuchar a Dios en la oración y tañía su arpa para alabar a Yahvé.
Observé que David tenía los dedos largos y finos que le permitían con destreza tañer el arpa.
Cuando yo escuchaba las notas musicales del arpa de David, me parecía que estas como que subían al cielo, en forma de humo blanco en espiral. ¡Al escucharlas me sentía transportado! y a Jari, le pasaba igual.
En ese valle en el cual David cuidaba las ovejas y alababa a Dios, en el valle de los pastores de Belén, nacerá Jesús después, me dijo Jari.
El Padre Dios, quiso que David llenara de oración el sitio donde mil años después habría de nacer Jesús.
David nunca me enseñó a tocar el arpa, porque yo tenía mal oído. Esto en realidad me produjo gran dolor. Pero, Jari me consolaba, diciendo: ¡estas no son penas para un guerrero, chico!1 Y agregaba: ya aprenderás de David, cosas superiores, que en realidad servirán más para tu vida verdadera, ¡para tu vida de guerrero de Dios! ó ¡apóstol de Jesús!
Le pedí aclaración a Jari: hablas de una vida verdadera:
-¿Cuál es esa?
Jari, respondió: sólo hay una vida verdadera, la que dura para siempre, y la que nunca tendrá fin.
-La vida verdadera: ¿cuándo habrá de comenzar? -pregunté.
-La vida verdadera, ya ha comenzado para ti; porque tú no tendrás fin-respondió Jari.
Jari, tocando el pellejo de mi brazo, decía: esta carne es un vestido que se pudre con la muerte. ¡Pero tú no tendrás fin! ¡Eres eterno! ¡Ya ha comenzado para ti la vida eterna!
Ten presente, que tu eternidad, te la juegas cada día en esta tierra. ¡Aprende de la vida de David! todo esto -dijo Jari-

CAPÍTULO 3: EL PECADO DE SAÚL

Mientras David cumplía con su trabajo humilde de pastor de ovejas y me enseñaba Salmos para hablar con Dios, el rey Saúl, que tenía fama de metelón de patas2 por no cumplir con exactitud los mandatos del Señor, volvió a meter la pata aún más profundamente, y con esto se llenó la taza de nuestro Dios, Yahvé.
Los de Amalec, nómadas del desierto, pertenecientes a una tribu de los árabes, eran enemigos del pueblo de Israel desde la época de Moisés.
Los amalecitas trataron de robarnos todos los tesoros del Arca de la Alianza, que Moisés tenía preparados para ofrecerlos a Yahvé.
Las tropas de Moisés se enfrentaron contra los amalecitas. Mientras Moisés mantenía los brazos levantados hacia el cielo, vencía Israel; cuando Moisés los bajaba, perdía Israel y ganaba el enemigo.
Mantén siempre tu corazón y tu mente levantados hacia el cielo, en oración, para que no triunfe el enemigo, dijo Jari.
Pero Yahvé quedó indignado contra los amalecitas y prometió a Moisés destruirlos: "Yo borraré a Amalec debajo del cielo" Ex 17,14.
Moisés, mil años antes de David, había maldecido a los amalecitas, con estas palabras: "Amalec, que alzó la mano contra el trono de Yahvé; estará Yahvé en guerra contra Amalec, de generación en generación" Ex 17,16.
Lo que dice un hombre de Dios siempre se cumple, dijo Jari, y Yahvé se encarga de cumplir lo que ha dicho un instrumento suyo.
Agag, el rey de Amalec, era un hombre cruel y despiadado. Además no adoraba a Dios, sino a ídolos de barro, oro y plata.
Agag le tocaba la barriga a uno de sus dioses de barro para que le diera protección.
Agag, decía que Yahvé no existía y que era invento de los judíos.
Dios que se da cuenta de todo y oye todo, se encendió de ira contra Agag y su pueblo.
Yahvé decretó castigar a Agag y a todos los del pueblo idólatra de Amalec, por medio de su pueblo escogido, Israel: el pueblo que si creía en Yahvé.
Dios le ordenó al rey Saúl, por medio de Samuel, que castigara a Amalec, y le dio la orden de destruirlo todo.
Esto fue lo que Yahvé le dijo a Saúl, por medio de Samuel: "No perdones: mata a hombres, mujeres y niños, aún a los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos." I Sam 15,3.
"Cuando se inflama la ira de Dios, caen muchos en su ira" (Sal 2,12), dijo Jari, citando un Salmo de David.
La orden de Dios para Saúl, fue muy clara. Pero Saúl hizo todo lo contrario; perdonó la vida a los quineos, tribu aliada a los de Amalec, cogió vivo al rey Agag y le perdonó la vida.
Saúl vio que sus soldados se enamoraron de las lindas ovejas, del pueblo de Amalec, de los fuertes bueyes, los camellos, los asnos.
Al rey Saúl le dio pena contrariar a sus soldados por temor a disgustarlos, y perder sus simpatías. A Saúl le importó más darle gusto a los hombres que a Dios.
Saúl destruyó de Amalec, solamente lo malo y sin valor, y se llevó para él las mejores ovejas y los mejores bueyes y los más gordos corderos.
Esos quineos a los cuales Saúl perdonó la vida, que también son del pueblo árabe, dijo Jari, serán el azote del pueblo judío, hasta el fin del mundo
Saúl hizo lo mismo de Caín, que le ofrecía a Yahvé los frutos podridos; y los buenos los reservaba para él.
También Saúl, hizo lo mismo que mil años después hizo Pilatos: vendió a Jesús por no disgustar al pueblo.
Chico, dijo Jari: Si quieres agradar a Dios, no puedes a la vez darle gusto a los hombres, como lo hizo Saúl, y por eso le fueron quitados su reino y su corona.
En cambio, en contraste con la conducta del rey Saúl, observé que ese mismo día, David había recibido la orden de esquilar las ovejas, por parte de su padre Isaí, y David, de inmediato obedeció.
David, obedeció, con premura el mandato de su padre, y todo el largo día nos dedicamos a empacar la lana.
Al atardecer, después de encerrar a las ovejas, regresamos cansados a la casa; pero felices de haber obtenido abundante lana, debido a la obediencia de David.
Isaí miraba complacido los bultos de lana; y con gratitud contemplaba el rostro de su hijo. Así lo mirará Dios, igual de complacido, dijo Jari. Por eso dijo Jesús, mil años después, que "el que es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho" (Mt 25,21).
Por la noche, cerca de la hoguera, David cantaba Salmos, acompañados con su arpa, y luego danzaba en torno de la hoguera cantando alabanzas a Yahvé.
Me hubiera gustado saber escribir para copiar las cosas tan bellas que salían de la boca de David; una pequeña parte de ellas se conservan en los Salmos.
Se me quedaron grabadas algunas palabras de David, por ese entonces, como estas:
"Yahvé me ha dicho:
Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado yo.
Pídeme y te daré las naciones por herencia,
Te daré en posesión los confines de la tierra" Sal 2,7.
 
SAÚL ES RECHAZADO POR DIOS

Supimos por uno de los soldados del rey Saúl, la triste noticia, para el pueblo de Israel; que Yahvé le había dicho al profeta Samuel:
"Yo estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, pues se aparta de mí y no hace lo que yo le digo" I Sam 15,11.
La forma de uno apartarse de Dios, chico, es no hacer lo que Él indique, dijo Jari.
Samuel, comunicó a Saúl el designio del Señor.
El rey Saúl, infantilmente se excusó, diciendo que él no obedeció lo que le dijo Samuel, porque él quería hacer un sacrificio a Yahvé, con las ovejas.
Samuel, le contestó a Saúl:
"MEJOR ES LA OBEDIENCIA QUE EL SACRIFICIO"I Sam 15,22.
Nunca había visto yo, me dijo Jari, tan enojado a un hombre pacífico de Dios, como Samuel. Samuel cogió la espada de Saúl y degolló al rey Agad, delante del  mismo altar de Yahvé. Cfr. I Sam 15,33. Luego vi, me contó Jari, que Samuel devolvió a Saúl la espada llena de sangre, que le manchó el vestido.