¿Qué es la Ciudad de la Oración?

• La ciudad de la oración, Mi Cívitas, es un ejército de oración en orden de batalla, comandado por Mi Santa Madre, la Madre de Dios, Santa María. Se dedica a glorificar el Santo nombre de Dios para que sea realidad su Reino sobre la tierra, empezando en el corazón de cada uno y se haga su Santa Voluntad en la creación entera.

• Mi Pequeña Cuidad, Mi Ciudad de la Oración, es la más pequeña en número de habitantes; pero la mayor por su extensión, pues a ella pertenecen y de ella han salido todas las almas de oración del cielo y de la tierra.

• Llamo a los hijos de Mi Santa Madre, María, a total concentración, disciplina, obediencia y lealtad, para que acudan a escuchar Mis Instrucciones de batalla, para implantar el Reino de Dios sobre la tierra. Instrucciones de guerra para combatir las malignas potestades y para hacerse cada uno dentro de sí violencia.

• Instrucciones para imponer la paz en el corazón de cada uno a fin de que Dios reine en ellos. Estas son las instrucciones que, con base en las Escrituras, Yo le vengo dictando a Leomar: Instrucciones para escuchar la voz de Dios.

• Que cada uno de Mis hijos y Mis hijas se ponga en pié de guerra para incrementar Mi ejército; que busquen entre sus conocidos, principalmente en el templo, almas selectas, generosas, obedientes, desprendidas y valientes y las traigan a Mi Cívitas para hablarles de entrega total a la oración, para escuchar Mis Instrucciones y vivirlas plenamente.

• El único distintivo de Mi Cívitas, será la paz profunda en el corazón de cada uno: Mi paz que Yo les daré.

• Pido a los hijos de Mi Cívitas que colaboren, dando cada uno a Dios lo mejor de sí, para hacer publicar Mis Instrucciones y hacer que lleguen en todos los idiomas a todos los rincones de la tierra.

Cómo meditar las instrucciones

• Se leen los escritos y los puntos que te impacten los escribes textualmente en un cuaderno; éstos puntos Soy Yo quien te los digo para que los medites y los vivas.

• Lleva otro cuaderno acerca de las luces concretas que Yo te inspiro, relacionadas con los puntos que te impactan.

• Ya no quiero que Mis hijos estén dispersos en actividades y reuniones que les quitan tiempo valioso para concentrarse a meditar las Instrucciones, sino que atiendan mi llamado y se dediquen por entero a Mi Ciudad de la Oración.

• Hijo Mío, a ti te he constituido guía, para que conduzcas a Mis hijos y Mis hijas hacia la Ciudad de la Oración; la comandante del Ejército es Mi Madre y el dueño de la Ciudad Soy Yo.

• Mi Ciudad será llamada CIVITAS.

Escuchar la voz de Dios

1. Tú hijo mío, no eres vidente sino invidente y no eres oyente sino sordo. Pero tú, hijo mío, eres alma de oración que tiene fe y que escucha a Dios en la oración y Me gustas, Me sientes y Me palpas.

2. Si, hijo, " Yo envío mis mensajes a la tierra" (como dice el salmo 147,15) pero necesito corazones receptores que Me escuchen, para que hagan correr velozmente Mis Palabras a mis hijos confundidos, atareados, distraídos. Esa es la misión tuya: escuchar a Dios y ayudarles a otros a arreglar el receptor de su propio corazón ¡Para qué escuchen al Dios vivo que les habla!

3. Dedica tu vida a aprender a escuchar la voz de Dios que te habla en la oración - nunca acabarás de aprender - pero mientras te dedicas a aprender, sentirás que tu corazón lo está escuchando, es más, descubrirás que ya lo habías escuchado alguna vez y ahora te puedes dedicar a escucharlo a cada instante.

4. A esto es lo más grande que puedes dedicar tu vida: ¡a escucharme! A esto se dedican las almas en el cielo.

5. Dedícate a escucharme y a hacer que los demás Me escuchen.

6. Hijo lleva Mis Palabras a los hombres.

7. Diles a los que pregunten ¿Cómo lo haces? Que no miren la botella sino el vino.

8. Diles que una botella indigna y fea, quiere compartir con ellos, licores exquisitos de la sabiduría divina.

9. Hijo, cuando ofrezcas mis licores, no hace falta que muestres el empaque. A Mí me gusta almacenar Mis joyas y tesoros, en bolsas de basura - como tú - para que sólo los aprecien los humildes.

10. Como el oro, Mis Palabras se conocen y comprueban por su propio peso.

11. No te avergüence mostrarte como eres: un pobre e indigno pecador que Dios llama a su servicio, para que también ellos sientan Mi llamada.

12. Diles que hablas Conmigo en la oración y que Yo necesito hablar con todos ellos y que a cada uno, llamo por su propio nombre.

13. Te escogí a ti, porque a Mí me gusta trabajar con desperdicios, con las sobras, con los restos y residuos.

14. Que vengan a Mí - como tú lo hiciste -, los que se sientan indignos y humillados, que Yo los aprovecho, los valoro y los exalto, los limpio y los perdono como a ti.

15. Yo me encargaré de curarlos y sanarlos. Los perfumaré, los vestiré con Mis propios vestidos, los engalanaré con Mis joyas y tesoros, los llenaré de besos y los abrazaré contra Mi pecho, para que no Me dejen nunca, nunca más.

16. Dirígete en primer lugar a los que aman a Mí Madre, porque quiero quemar sus corazones para Yo prender Mi fuego.

17. Dirígete a las almas entregadas a Mi Santa Voluntad, para que hagan de la vida de oración su verdadero trabajo, que yo me encargo de su sustento. Si trabajan para Dios les paga Dios.

18. Quiero hacerme "un ejército de oración en orden de batalla" "Mi Ciudad de la Oración", dirigida por mi Madre, para vencer a satanás y reinar Dios sobre la tierra.

19. Que se alisten, que yo hablaré junto con Mi Madre, en el fondo del corazón a cada uno; sin prodigios ni señales, la única señal son Mis Palabras que Yo haré que resuenen en el alma de las que las mediten, relean y ejecuten.

20. Yo quiero que a ti nada te distraiga, para que permanezcas a Mi lado, noche y día, escuchando Mis Palabras.