Generosidad

La primera virtud que Dios exige para poderlo seguir a El es la generosidad.

Generosidad es dar y darse hasta la última gota de sangre y agua que en el cuerpo queda, como lo hizo Cristo. Alta es la cuota de generosidad y entrega que Jesús nos puso, a El es a quien debemos mirar, a El es a quien debemos imitar.

Quien quiera seguir a Cristo, que se de y se entregue totalmente sin reservarse nada para si. Ananias y Safira se reservaron la mitad de lo que habían prometido entregar y cayeron muertos a los pies de Pedro, al cual pretendían engañar con avaricia calculadora; ¡nunca actuemos como ellos!

Generoso fue el justo Abel que entregaba al Padre Dios los mejores frutos de la tierra, los mejores frutos del sudor frente. Pero Caín, avaro y egoísta, le entregaba a Dios los frutos malos, se llenó de envidia contra su generoso hermano y lo mató. El avaro y egoísta pretende destruir la generosidad del que pretende darse, y si no lo logra, entonces asesina al que se entrega. Nunca escuches las voces de los malvados que susurran a tu oído que no seas generoso, que no exageres en tu entrega.

Generosa fue la viuda de Sarepta que no teniendo más que un pan en su cocina para darle de comer al visitante que tenia en su casa, Elías, se lo ofreció generosamente sin quedarse con nada para calmar el hambre de su propio hijo. La viuda mientras daba no la faltaba nada a ella ni a su hijo, porque Dios multiplicaba el pan de su cocina movido por la fe y entrega de ella.

¡Nunca temas vaciar tus alacenas, porque Dios te las volverá a llenar cuando trabajas para El! No te olvides a quien das con generosidad: a Dios, al que todo lo tiene y lo posee todo; al que es omnipotente y no se deja ganar en generosidad.

Generoso fue Eliseo, que ante la llamada de Dios para seguir de cerca al profeta Elías, supo sacrificar sus bueyes, dejar la tierra y seguir tras los pasos del hombre de Dios. Mas tarde el profeta Elías le dejará su capa y con ella todos sus poderes que había recibido de parte de Dios.

Generosa fue Rebeca, que ante la llamada de un hombre de Dios para viajar a tierra extraña, siendo aun una niña joven, se fue a contraer matrimonio con un hombre desconocido y dejó a su hermano y a su madre. Rebeca dijo “si”, como igual dijo María la Madre de Dios: “si, acepto todo lo que tu me dices de parte de Dios”

Generosa y grata fue Rut, joven y bella, que se fue tras de su anciana suegra para no dejarla sola en su avanzada edad. Y Dios supo desposarla con un hombre poderoso y rico del Pueblo de Israel, de la tribu de Judá, la de Jesús.

Generosa fue la viuda del Templo que supo echar todo su capital para entregarlo de limosna, las únicas monedas que tenia para saciar su hambre. La viuda dio todo lo que tenia, y Jesús la alabará porque había dado más que todos, porque la generosidad no se mide por la cantidad sino por la totalidad. Generosidad no es dar de lo que sobra sino de lo que no se tiene. “En las cosas de Dios se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste” dice CAMINO.

Pero el joven rico se fue triste en su egoísmo porque estaba apegado a las cosas de la tierra; prefirió las riquezas pasajeras a las riquezas eternas que le ofreció Jesús. El joven egoísta y apegado a sus cosas recibió de Jesús la maldición para poder entrar al Reino de los Cielos.

Generosos fueron Pedro y los demás apóstoles, que lo dejaron todo por seguir a Dios, y recibieron como respuesta de Jesús, que el resultado de la generosidad es obtener de Dios el ciento por uno en esta tierra; Dios da más de lo que tú le des, y además te garantiza el cielo. ¿Te parece mal negocio?

Generoso fue Zaqueo, que ante la sola presencia de Jesús, sin mediar palabra, le prometió al Hijo de Dios devolver cuatro veces mas a los que había defraudado. Tú y yo hemos defraudado mucho a Dios y ya ha llegado el momento de devolver el cuádruplo. Es mucho el mal que hemos hecho con nuestra vida de pecado, es mucho el bien que hemos dejado de hacer con nuestra vida apartada de Dios. Pero la generosidad borra la miseria de los pecados, dice el apóstol Santiago.

Generosa fue María Magdalena, la mujer pecadora que derramo a los pies de Jesús un perfume de gran valor, el perfume le valió a la mujer arrepentida el fruto de todos sus ahorros, pero ella es el modelo que Jesús nos puso de persona generosa con las cosas de Dios, porque a los pobres los tenemos siempre pero a a Jesús no.

Generosos fueron aquellos hombres que supieron desprenderse de sus panes y los peces; y Jesús se encargo de alimentar con ellos a la multitud entera.

La generosidad exige entregarle a Dios todo lo tuyo y además el corazón, todo tu ser, y seguir tras los pasos del Señor. No es suficiente dar, hay que dar y darse, por eso dice la Escritura: “Dame hijo mío tu corazón y pon tus ojos en mi camino”

Esta es la gran inversión del generoso: recibir cien veces más de lo que da y además garantizar la vida eterna.

Las cosas de Dios necesitan de tu ayuda generosa y de tu entrega, “animo, se fuerte y generoso, confía en el Señor”