Hijo, Yo, Jesús, no he muerto, no Me he quedado inactivo en el Reino de los Cielos, gozando de Mi Padre Dios, ni Me he olvidado de la suerte eterna de los hombres de la tierra, ¡no!.

Mi Padre y Yo, Jesús, también nos valemos de los ángeles para manifestar a Mis hijos lo que ha de suceder.

Es bienaventurado el hombre que escuche y medite la Palabra de Dios, y la guarde en su corazón, porque el momento para ti siempre está cercano, y el momento para Mi Padre Dios está en presente eterno.

El momento, hijo está muy cerca y no hay tiempo que perder. El momento de tu conversión es hoy o nunca.

El momento para tomarte en serio la Palabra de Dios es sólo hoy, porque tú no tienes asegurado el día de mañana.

En Dios, hijo, no hay pasado ni futuro; en Dios todo es un "hoy", en presente eterno.

Los hombres habitan en la nave de la tierra que viaja veloz al rededor del sol; pero Dios está por encima del sol y de la tierra.

En Dios está en presente el principio de toda la creación y el final de su destino.

La Palabra de Dios es portadora de la eternidad de Dios, pues en Mi Padre y Yo, Jesús, no hay un "antes" ni un "después".

Dios es el que Es, y participa a sus hijos de su propio Ser, que es gracia y paz.

Los ángeles, que gozan de la gracia y paz de Dios, transmiten a los hombres gracia y paz. Las almas en el cielo y los hombres de la tierra, que tienen a Dios en su corazón, transmiten gracia y paz.

Hijo: Siete espíritus están delante del trono de Mi Padre Dios (cfr. Ap 1, 4). La Iglesia llama "arcángeles" a estos siete espíritus.

Yo, Jesús, soy el fiel testigo de la existencia de Mi Padre Dios; soy el primero que resucité de entre los muertos, para nunca más morir; y soy el Rey de los reyes de la tierra (cfr. Ap 1, 5).

Yo, Jesús, con Mi Sangre, libré al hombre del pecado. Le di la oportunidad a los hombres de la tierra de volver a nacer de nuevo por medio del Bautismo. Hice a los bautizados estirpe real y sacerdotes, para que ofrezcan el sacrificio de sus propias vidas a Mi Padre Dios, como Yo lo hice (cfr. Ap 1, 5-6).

Yo, Jesús, soy Rey y a Mi Me pertenece el poder y la gloria eternamente (cfr. Ap 1, 6).

FIN DEL MUNDO (Ap 1, 7)

Hijo, Yo, Jesús, le mostré a Mi discípulo amado, a Juan, el fin del mundo, y le permití que viera el momento en el cual Yo venía rodeado de nubes (cfr. Ap 1, 7), de la misma forma que Mi Padre Dios también le mostró este mismo momento a Daniel.

Esto había dicho ya Daniel de Mí, de Jesús: "Vi venir sobre las nubes a uno muy semejante a un hijo del hombre" (Dan 7, 13); claro, Daniel no Me conocía y por eso no pronunció el Nombre de Jesús, sino que simplemente vio mi figura humana, sin saber que era Yo.

Cuando Yo vuelva a la tierra, hijo, se lamentarán por Mi llegada todas las naciones pecadoras de la tierra. Ya Mi Padre Dios lo había dicho por medio del profeta Zacarías: "Y mirarán al que traspasaron (en la Cruz), y se lamentarán por Él (Jesús) como se lamenta (la muerte) al primogénito" (Za 12, 10).

El momento de Mi venida está muy cerca: es el mismo momento definitivo de tu llamada por parte de Mi Padre Dios, por medio de tu muerte. "Habrá aquel día gran llanto (para algunos)", "Se lamentará la tierra, linaje por linaje, y todos serán colocados aparte (unos a Mi derecha y otros a Mi izquierda)" (Za, 12, 12-14).

Yo, cuando bajé a la tierra anuncié Mi segunda venida, y dije: "Se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad" (Mt 24, 30).

Hijo, el sentido de la corta vida del hombre sobre la tierra, es prepararse para el encuentro definitivo conmigo: "Aquel que es, que siempre ha sido y que va a venir" (Ap 1, 8).

Yo Soy: "el Alfa y la Omega" (el Principio y Fin) (Ap 1, 8).

Yo te llamo, hijo: al sufrimiento, a la paciencia y a Mi Reino.

UN DÍA DE DOMINGO (Ap 1, 10)

Fue un día de Domingo cuando Juan cayó en éxtasis de oración (cfr. Ap 1, 10). Es el Domingo, el Día del Señor, el Día de la vida, en el cual Yo, Jesús, volví a la vida.

El Domingo, hijo, el Día del Señor, la ocasión para incrementar la vida de oración, y no el mundano esparcimiento.

Hijo, a veces habla Dios con fuerte Voz y con estruendo de trompeta, cuando quiere enviar mensajes perentorios a los hombres (cfr. Ap 1, 10).

Hijo, Mis almas predilectas de oración son como candelabros de oro que brillan día y noche ante Mi Padre Celestial.

Yo, Jesús, vendré de nuevo, con figura humana, "como un hijo de hombre", (cfr. Dn 7, 13 y Ap 1, 13), para ejercer Mi papel de Juez de los vivos que en ese momento encuentre en la tierra y de los muertos que han abandonado ya la tierra.

Yo le permití a Juan verme vestido con Mi túnica sacerdotal (cfr. Ap 1, 13), y la función del sacerdote es ofrecer sacrificios al Dios Padre; Yo, Jesús, le ofrecí a Él Mi propia Vida. Yo soy el Sumo y eterno sacerdote, porque Mi Sacrificio estará presente eternamente ante Mi Padre Dios.

JESÚS ES REY DE REYES (Jn 18, 37).

Juan Me vio "ceñido el pecho con una banda de oro" (Ap 1, 13), porque Yo soy Rey, como lo atestigüé ante Pilatos: "Tú lo dices, Yo soy Rey; para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37).

Yo soy Rey de la Verdad. Todo aquel que busca seriamente la verdad se encuentra necesariamente con el Reino Mío.

También Me dejé ver de Juan con "cabeza blanca y cabellos blancos" (Ap 1, 14), como símbolo de Mi sabiduría eterna, y así Me vio también Daniel (cfr. Dn 7, 13).

La llama de fuego de Mis ojos, que vio Juan (cfr. Ap 1, 14), son el signo de Mi ciencia divina, y signo del fuego de Mi amor que Yo vine a traer al mundo para que arda en muchos corazones.

Mis, pies, hijo, son semejantes al metal precioso (cfr Ap1, 15); son el símbolo de Mi poder.

Mi Voz es poderosa, "como estruendo de muchas aguas" (Ap 1, 15).

Llevo en Mi mano derecha siete estrellas (cfr. Ap 1, 16), cada estrella es un ángel, un alma de oración que Dios protege directamente con Su mano, y por Su labor apostólica:

"brillarán por siempre, eternamente" (cfr. Dn 12, 3).

De Mi boca sale, hijo, "una espada tajante de doble filo" (Ap 1, 16), esta espada es la Palabra de Dios y Mi doctrina.

Mi Rostro es "como el sol cuando brilla con todo su esplendor"(Ap 1, 16), como lo anunció Daniel: "los sabios brillarán con el esplendor del firmamento" (Dn 12, 3).

Hijo, cuando tengas miedo, cuando sientas el temblor de muerte, acude a Mí y Yo pondré "Mi mano derecha sobre ti para decirte: ¡No temas!" (Ap 1, 17).

Hijo, Yo, Jesús, estoy vivo, Yo no Me quedé muerto; Yo tengo poder sobre la muerte (cfr. Ap 1, 18)