Amabilidad

En la sociedad actual se viven relaciones egoístas, frías y por conveniencia. Quien está a nuestro lado se convierte en un extraño, un competidor o incluso a veces en un enemigo. La virtud de la amabilidad nos lleva a cambiar las relaciones humanas de raíz, convirtiéndose esto en el fundamento para tener una mejor convivencia con nuestro prójimo.

La amabilidad va más allá de la cortesía y las normas de educación; la autora María Moliner define a la persona amable como aquel que merece o inspira amor. Es aquel que quiere ayudar de forma altruista, sin pensar en su propio beneficio.

Es una virtud que está relacionada con el amor, la bondad y la solidaridad. La persona amable cree realmente en el ser humano, viendo a los demás como sus hermanos. Aristóteles en su Ética Nicomaquea, incluye esta virtud entre las virtudes morales que definen al hombre como bueno.

Dice San Juan en su primera carta: "Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección. Quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve."

La virtud de la amabilidad es fruto de una buena educación y de la lucha personal por moldear el carácter. No es una virtud de débiles pues se requiere mucho trabajo para poder alcanzarla, ya que no es fácil vivirla en algunas circunstancias, ésta requiere mucho autocontrol y de una decisión firme de no querer dejarse dominar por los estados de ánimo.

Tomemos por ejemplo a San Francisco de Sales, quien siendo un hombre iracundo, logró controlar su temperamento al punto de ser conocido como "El Santo de la Amabilidad". Nos enseña que debemos primero conocernos a nosotros mismos para reconocer los vicios que debemos erradicar, luego hay que ejercitar las virtudes de la mansedumbre y la humildad pues quien se conoce realmente logra someter su voluntad al deber antes que al querer, llegando así a ser acogedor y dulce con quienes le rodean.

Decía el santo: "Qué gran mortificación sonreír a quien nos importuna, y dedicar amablemente el tiempo a escuchar con bondad a los demás. El que es dulce no ofende a nadie, soporta y sufre de buena gana a los que le hacen mal, sufre pacientemente los golpes y no devuelve mal por mal. El que es dulce no se turba jamás, sino que empapa todas sus palabras en la humildad, venciendo el mal por el bien. ¿Cuándo llegará el día en que estemos todos empapados en dulzura y suavidad hacia el prójimo? ¿Cuándo veremos las almas de nuestros prójimos en el sagrado pecho del Salvador? ¡Ay! El que las mira fuera de ahí corre el riesgo de no amarle pura, constante, igualmente."